2016/01/10

DIARIO: Una Nochevieja en París (Parte 2 de 3)

¡Hola después de tanto tiempo! Qué mejor manera de empezar el año bloguero que seguir con el diario de viaje de Nochevieja... la Nochevieja pasada. Pues seguramente habría una mejor manera, pero hoy me ha dado por ahí y vengo con el segundo capítulo del diario de París (correspondiente al 31 de diciembre de 2014). ¡No os perdáis el lujo máximo de la última cena del año! Y cuando digo lujo me refiero al lujo según Ampelfrau, o sea, con aires vagabundiles abundantes. Lo que sí tuvo más glamour fue pasear por las calles parisinas en esta época tan especial, ¡sigue leyendo y descubre más! Si no has leído la primera parte, click AQUÍ.


El último día del 2014 (me estoy sintiendo mal por estar escribiendo esto un año después haha) amaneció despejado, lo cual nos pilló por sorpresa, ya que esperábamos mojarnos día sí y día también. Lo primero que hicimos (después de desayunar galletas baratas con leche barata en tazas baratas) fue coger el metro con dirección al pintoresco barrio de Montmartre. Allí disfrutamos de hermosas vistas como la basílica de Sacre Coeur y la Place du Tertre. Callejeamos un rato huyendo de la masa de turistas (da igual que sea verano que un fin de semana cutre de noviembre, en las calles turísticas de Montmartre se tarda media hora para avanzar diez metros).

Sacre Coeur


Era por la mañana y ya parecía que anochecía :P

Vista de París desde Sacre Coeur

Hay que ver las prisas que llevan algunos... o eso o tenía pensado devolverlo

Hacer esta foto fue un suplicio, o las casas salían torcidas o el campanario salía torcido. Esto fue lo mejor que salió...

Place du Tertre

El Montmartre desconocido

Las famosas escaleras... a saber cuánta gente se ha dejado los dientes en ellas

Como ya llevábamos media mañana sin que nos timase nadie, el universo decidió jugárnosla. Nos dio ganas de ir al baño. En en centro de París. Lejos del apartamento. No hace falta que diga que cundió el pánico al ser conscientes de que ir al baño en París es horriblemente caro. Si te pilla cerca de un McDonalds, las galerías Lafayette o algo por el estilo no es tan dramático, pagas 50 céntimos al portero y ya. Pero la zona en la que estábamos solo contaba con un par de bares para turistas. Mal asunto. En resumen, tuvimos que entrar al bar a tomar algo y tres consumiciones + permiso para ir al baño nos costó lo siguiente:

Además los camareros eran unos bordes

No puedo creer que haya escrito ese párrafo tan grande sobre ir al baño. En fin. 

Seguimos nuestro camino con menos dinero en la cartera pero con mucha energía. Llegamos al típico carrusel de Montmartre (el que sale en Amelie) y lo miramos con anhelo, muriendo de ganas por subir pero sin querer ser timadas una vez más. No obstante, en un momento de lucidez se nos ocurrió acercarnos y... ¡era gratis! De modo que ahí fuimos, con más emoción que un niño de tres años, a subirnos al carrusel. Elegimos los caballos y nos sacamos fotos, cantamos, gritamos, etc. 





Volvimos a echar para andar calle abajo, hacia la zona del Moulin Rouge hasta llegar a las galerías Lafayette, la ópera y las grandes avenidas de una de las zonas más lujosas de París. Y en esa zona lujosa comimos. Pero en el McDonalds. En sí el plan era comer algo local, pero en ese barrio lo único que nuestros bolsillos se podían permitir eran unos nuggets con patatas.



Galerías Lafayette y su árbol navideño al revés


Ópera

Caminamos por grandes avenidas, cotilleamos originales escaparates y así llegamos al Jardin des Tuileries, donde tuvimos la ocasión de disfrutar de un precioso atardecer enfrente de la noria que ponen en la Place de la Concorde. Esa noche íbamos a salir, por lo que a eso de las seis fuimos caminando tranquilamente hacia el apartamento mientras disfrutábamos de los últimos momentos de sol del 2014 a orillas del Sena. Perdonad la calidad de algunas fotos, sabéis que mi cámara no saca bien de noche.








Para la cena premium teníamos pensado hacer paella. Sin embargo, el día nos estaba saliendo demasiado redondo y ya era hora de que algo pasase: habíamos comprado arroz con sabor a pollo. De ese arroz que está medio precocinado. Pues nada, a correr calle arriba y calle abajo intentando dar con un supermercado abierto una Nochevieja a las ocho de la tarde. El resultado, como era de esperar, fue que nos quedamos sin arroz (aparte del que tenía sabor a pollo). Al final hicimos paella de fideos. Un fideuá de esos pero a lo cutre, con nuestra seña de identidad.

Supercena nocheviejil

Postre :)

Nos preparamos entre fotos, vídeos, canciones, música y muchas risas (grabamos algunas de las escenas de "El Vídeo del Viaje", un oculto documento que jamás debe ver la luz. En serio, eso lo ve alguien aparte de nosotras y nos pierde el respeto para toda esta vida y para la siguiente.

Total, que por culpa de las tomas falsas (y nuestra irresponsabilidad, todo hay que decirlo), salimos tardísimo de casa y tuvo lugar uno de los momentos tensos del día: queríamos ver la cuenta atrás en la Torre Eiffel (toma cliché), pero en 45 minutos no nos daba tiempo de cruzar la ciudad en metro. O sea, un día cualquier habría dado tiempo, pero una Nochevieja a las once de la noche... como que no.

Las estaciones de metro eran la pesadilla de todo claustrofóbico, todo abarrotado de gente intentando abrirse camino para entrar en los vagones. Fue especialmente agobiante pensar que estábamos atrapadas en unos estrechos túneles bajo tierra donde ya no había vuelta atrás. Qué dramático suena. Pero es que el momento fue dramático, imaginad estar ahí atascadas en el metro a medianoche.

Más o menos así pero con el doble de densidad de gente

Al final, viendo que no llegábamos a la Torre Eiffel, decidimos bajarnos en Louvre y ver el cambio de año en la Place de la Concorde. Y fue una de las mejores decisiones del viaje: veíamos los Campos Elíseos y la Torre Eiffel a la vez, no había tantísima gente como en otros sitios y estábamos en pleno centro.



Se puede decir que empezamos el 2015 a lo grande. Decidimos dar una vuelta antes de ir al cotillón que habíamos reservado (nos arruinamos y no fue nada del otro mundo, la próxima vez no iría). La idea era ver la Torre Eiffel iluminada y bajar los Campos Elíseos (el cotillón se encontraba al final de los mismos). Fue puro capricho y nos salió un poco mal, porque en la Torre Eiffel había decenas de subnormales impresentables (pondría cosas peores) metiendo mano a todo lo que se movía e intentando robar, y luego el Arco del Triunfo estaba rodeado de militares, por lo que el tranquilo paseo de una hora se convirtió en una tensa travesía de dos horas.

Pero no dejamos que ese mal momento empañase el maravilloso día que habíamos pasado, así que fuimos al cotillón, donde nos quedamos hasta las 5 o 6 y luego dormimos toda la mañana siguiente.

¡Prometo no tardar tanto en seguir con el diario! Todavía quedan dos días navideños en París por relatar :).

À bientôt!

4 comentarios:

  1. ¡Hola!
    Dios te puedo decir que te tengo envidia en este momento, pero como se dice por acá, envidia de la buena xD
    Se mira que la pasaste en grande en Paris, es uno de mis sueños visitarla y espero tener tan buenas experiencias como tu.

    Por cierto, vengo por aquí gracias a un comentario tuyo dejado en mi blog así que eso, ya me tienes como seguidora y lectora. ¡Saludos!

    -Kelly López

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    Respuestas
    1. Hola! Encantada de tenerte por aquí! :)

      El viaje a París fue sin duda inolvidable, esta ciudad siempre es especial, pero en fechas tan señaladas lo es aún más.

      Espero que puedas ir pronto!

      Saludos!

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  2. En mi lista de cosas que hacer en un futuro (con suerte) no muy lejano está pasar la Nochevieja en París. Precisamente hace nada acabo de terminar el libro de Enrique Vila-Matas "París no se acaba nunca", por lo que me entran unas ganas tremendas de fugarme a la capital francesa a respirar un poco del ambiente único de lugares como el Montmartre.

    Las fotos del atardecer con la noria de fondo son increíbles. Aun siendo una ciudad gris, instantáneas así logran que te enamores de ella sin remedio.

    Sí que es verdad que uno de los inconvenientes es que está plagada de trampas para turistas que es casi imposible evitar. Precios desorbitados y tanta gente que apenas se puede pasear en soledad. Creo que quitando de algún crêpe, no probé nada de comida francesa cuando estuve allí (todo era caro y malo).

    ¡Un abrazo muy fuerte!

    P.D: Estaré algo más de una semana en Friburgo a partir del 28 de enero. ¡A ver si esta vez logramos quedar para tomar un café!

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    Respuestas
    1. Sin duda recomiendo pasar estas fechas en París, no está tan lleno como en verano y la luz es muy especial, cuando he estado en verano nunca he podido sacar atardeceres como el de la noria.

      Lo de las timadas con los precios de París daría para una entrada aparte, me han atracado de todas las maneras posibles! Muy cierto jaja, lo único pagable son las crêpes!

      Ohhh siii, yo por aquí andaré, estudiando para los exámenes, pero seguro que encontramos una tarde o Abend (echo de menos esta palabra en español xD) para tomar algo!

      Un beso!

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